Casa Chiscano
Toda vivienda es, en cierta manera, un autorretrato.
Esta casa nace como una reflexión personal sobre una forma de habitar que llevo años imaginando. No responde a una moda, ni pretende convertirse en un ejercicio de exhibición formal. Aspira, simplemente, a construir un lugar donde arquitectura, tiempo y vida cotidiana puedan convivir con naturalidad.
El proyecto parte del respeto por la construcción existente, incorporando parte de los antiguos muros de fábrica como memoria del lugar y estableciendo un diálogo sereno entre la arquitectura tradicional extremeña y un lenguaje contemporáneo contenido, donde cada decisión responde antes a la lógica constructiva que al gesto.
La vivienda se organiza en torno a un patio central que actúa como auténtico corazón de la casa. Más que un espacio exterior, se convierte en el elemento que ordena los recorridos, introduce la luz natural en todas las estancias y establece una relación constante entre interior y exterior.
La envolvente apuesta por materiales honestos y de larga durabilidad, combinando fábrica de termoarcilla de altas prestaciones térmicas con una cubierta de teja árabe, reinterpretando soluciones tradicionales desde una perspectiva contemporánea. No se trata de recuperar una arquitectura del pasado, sino de aprender de ella para construir una vivienda preparada para el futuro.
Los espacios interiores buscan la continuidad antes que la compartimentación. La cocina, el comedor y el salón se entienden como un único ámbito doméstico abierto al patio, permitiendo que la luz, la ventilación y la vida cotidiana recorran la vivienda con libertad.
Esta no es únicamente una casa. Es el lugar donde todas las ideas que he ido acumulando durante años intentan convivir por primera vez bajo un mismo techo.
Lo que más me interesaba resolver
Construir una vivienda donde la técnica desapareciera detrás de la sensación de calma, permitiendo que fueran la luz, la materia y la proporción de los espacios quienes definieran la experiencia de habitar.
Una nota del arquitecto
Siempre he pensado que la mejor arquitectura es aquella que, con el paso de los años, parece haber pertenecido siempre a ese lugar. No me interesan los edificios que necesitan llamar la atención para justificar su existencia. Me interesan aquellos que envejecen con dignidad, que aprovechan la orientación antes que la tecnología, que entienden el clima antes que el catálogo de soluciones y que encuentran belleza en la sencillez de una buena proporción o de una sombra bien colocada. Esta casa es, probablemente, el proyecto más personal que he dibujado. No porque vaya a vivir en ella, sino porque en cada decisión hay una idea que llevo mucho tiempo queriendo poner a prueba

